miércoles, 22 de febrero de 2012

Luis López Nieves: Poema 15


Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía;
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. 

Este poema me gusta porque es bonito como tan cierto; a veces queremos hablar con esa persona, aunque el silencio nos gana y no nos deja. La voz disminuye y cae en quiebra, haciendo orejas sordas y palabras que nunca llegan. Versos que jamás esperan y anécdotas que jamás anhelan, y algo dentro me dice que lo que las personas más ansían es oír un Te Quiero de la persona que más desean. (Claudia Matamalas).

Taller de escritura (pàg.80)

Mi viaje a Port Aventura y Barcelona


Aún recuerdo el último viaje que hize. Cogí mi avión a las 5 de la mañana para poder llegar allí sobre las 9. Aquella noche se me hizo interminable, ya que no podía parar de pensar en las cosas que haría cuando estubiera allí, a que atracciones subir, las cosas que iba a visitar, lo bien que me lo iba a pasar... Y así toda la noche hasta que llegó la hora de irse. Rercuerdo que mi madre preparó unos bocatas al gusto de cada uno, y que luego cogimos las últimas cosas necesarias y las metimos en la maleta. En la puerta nos esperaba un taxi que nos llevó hacía el aeropuerto. Una vez allí, nos encontramos con "Pepi" y Mónica, nuestras vecinas y compañeras de viaje; nos saludamos, charlamos algo y nos dirijimos a embarcar las maletas. También recuerdo 1 larga y aburrida hora de espera para coger el avión que nos llevaría a Barcelona. Yo estaba con Mónica hablando de nuestras cosas, cuando vimos que la gente se levantaba de los asientos para entrar al avión. Yo y ella estabamos exhautas y nos colocamos en la fila con el resto de los pasajeros; la azafata nos pidió los DNI(s) y la tarjeta de embarque: Ya estabamos dentro. Del avión no hay mucha cosa que contar, salvo que los retretes eran horribles. Cuando llegamos al aeropuerto de Barcelona a mi me pareció enorme, pero cuando salí de allí, creo que me enamoré de la ciudad. Todo me pareció tan cercano, era como Mallorca pero algo más grande y con muchísima más gente. Había mucha raza variada e imigrantes por todo, no olvidemos también a los catalanes que eran muy nombrosos. Lástima que tube que coger el metro para ir a Port Aventura y dejar atrás la ciudad. 

Y con el metro empezó mi aventura: Del vehículo solo voy a contar que ví mucho paisaje y playas preciosas. Estubimos casi 1-2 horas metidos allí, hasta que bajamos del metro y delante nuestro un gran cartel que ponía: Bienvenidos a Port Aventura. Recuerdo el cálido viento que corría por aquella calle y lo emocionada que estaba mi hermana. En aquel momento supe que, por 4 días, aquel lugar iba a ser para mi un centro de diversión sin fin.

Caminamos la larga calle hasta el hotel. Era un hotel precioso, con aires Mediterráneos y un poco andaluces. Nuestra habitación nos esperaba allí, preparada y ordenada para que nosotros, mi família y yo, la ocuparamos. Pepi y Mónica cogieron otra para ellas dos solas, y decidimos separarnos y vernos luego. Después de aquel tiempo en nuestras habitaciones nos reencontramos para vernos de nuevo. Nos dirijimos al parque: Estaba lleno de atracciones tipo feria, pero con más temática y seguridad. ¿Por cual iba a empezar? Había mucha variedad, pero decidí empezar fuerte: Mi padre, mi vecina y yo subimos a una de las montañas rusas más "cañeras" del parque, Furious Baco. Cuando bajé me quedé algo impactada, pero con mucha adrenalina. Había diferentes mundos: Méjico, China, Oeste, Barrio Sésamo y uno inspirado en las islas caribeñas. Cada día que transcurría visitabamos un mundo diferente. A mi el que más me gustó fue sin duda Barrio Sésamo. Vale, algo infantil para mí, pero me pareció  el más gracioso y temático de todos. Lo que más me gusto fue ver la cara de felicidad de mi hermana. En general las atracciones estubieron genial, algunas peor y otras mejor. Yo me quedo con las aquáticas, las más "adrenalinosas" y los shows que se ofrecían.

Pasaron los días y aquel viaje se iba acortando. Ya era el último día, el día de visitar Barcelona. Dejamos atrás el parque, el hotel, los shows y las atracciones para ir a la bonita ciudad de la qual me enamoré. Cuando llegamos no paraba de hacer fotos a todo, y de mirar de lado a lado, como buscando con la mirada cosas de mi agrado. Allí visité el gran mercado, un centro comercial, las Ramblas, una fuente (no preguntéis el nombre, no lo recuerdo) y el restuarante para comer. El día finalizaba y poco a poco la luz del sol desbanecía: Ya era de noche. Aquel viej fue agotador, y al llegar a casa ya echaba de menos aquel lugar y aquellas vivencias que experimenté en aquel sitio mágico. Espero volver.





miércoles, 1 de febrero de 2012

Micro relato: Relatos de Catherine (Blog)

En ese momento era feliz. Mi madre y yo salimos del hospital, abrazadas y con una sonrisa resplandeciente en la cara. Subimos al coche y nos dirigimos a casa. Cuando estaba dentro del auto, baje la ventana y deje que el viento que se podía apreciar gracias a la velocidad, me acariciara la cara. El sol lucía mejor que nunca, las calles estaban llenas de gente, los pájaros cantaban... Era todo como si lo hubieran hecho justo para encajar con el momento tan feliz que pasaba. Miraba por la ventana y saludaba. Una vez, grité "¡Ei, estoy curadaaaaaaa!". Las personas que paseaban por la zona se giraban extrañados, mientras yo no podía dejar de sonreír. Mi madre me miraba y reía, a la vez que encendía la radio y ponía la música al máximo. Yo disfrutaba, estaba muy feliz, hasta que llegamos a casa. Toda aquella sensación de libertad se acabó de golpe al llegar. Ya no había aire ni sol (oculto con la sombra de la casa). Bajé del coche y salí corriendo hacía la puerta principal de casa. Allí algo me paró, más bien alguien: James me esperaba con una sonrisa.

-¿¡Donde vas tan acelerada saltamontes!?
-¡Estoy curada James, estoy curada!
-¿De verdad? ¡Que alegría! Como me alegro -dijo mientras me abrazaba-.
-Hola James. Que sorpresa tan inesperada. Pasa hijo -interrumpió mi madre-.

James y yo entramos a mi casa a la vez, cogidos de la mano, mientras que mi madre ya estaba más adelantada de nosotros. Subimos las escaleras y nos dijimos a mi habitación; supuse que James quería saber que pasó con su madre. Entramos, cerré la puerta y le invité a sentarse en la silla del escritorio. Yo me acomodé en otra silla frente a él. Empezamos a hablar:

-Pues verás: Conocí a tu madre cuando me secuestraron. Ella solo buscaba información acerca de ti, por eso me secuestro. ¿La razón por la que no fue a decírmelo directamente? No es más que una amenaza. Tu padre la presionó para mantener en secreto que Scarlett es tu madre y tu su hijo.
-¿Mi madre se llama Scarlett? Bonito nombre... Pero eso no es lo importante, lo importante es que mi padre me mintió. Pero me extraña muchísimo que él le hiciera eso a mi madre. Siempre he pensado que era una buena persona, hasta hoy... Tengo que hablar con él -se levantó de la silla-.
-¡No! No, tu padre no puede enterarse de todo esto, sino matara a tu madre, la amenazó, ¿Recuerdas?
-¿Entonces que hago?
-Yo te llevaré hasta allí, pero debes prometerme que te comportaras como siempre, que no vas a decir nada y sobretodo a tu padre.
-Te lo prometo.
-Entonces nos vemos hoy a las 8. Intenta ser puntual y recuerda que tu padre no se puede enterar de nada.
-De acuerdo, aquí estaré.

Entonces salimos por la puerta y bajamos las escaleras. Pusimos la excusa de que tenía que irse a una comida importante. Se fue y fui con mi madre a preparar la comida. Pasaron las horas y llegó la hora de la quedada: James apareció a las 8 en punto en mi casa, subimos al coche y nos fuimos hacía el estruendo piso de Scarlett. En cuanto llegamos, tocamos al timbre y subimos las escaleras. Scarlett nos abrió la puerta. Parecía otra: Llevaba el pelo recogido y teñido de un tono más oscuro, ropas más adecuadas y el maquillaje menos llamativo.

-James, hijo mío ¿Eres tú?
-¿Mamá?
- Si hijo, soy yo, tu madre.

Entonces James empezó a llorar. Scarlett abrió los brazos. James no se quedó atrás y, entusiasmado, abrazo a su madre.. Fue un momento madre-hijo precioso. Scarlett nos invitó a entrar.